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Túnez conmemora confinada el 10º aniversario de su revolución

El presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali, el 9 de mayo de 2010 en Túnez, un año antes de haber sido derrocado del poder por una revuelta popular
El presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali, el 9 de mayo de 2010 en Túnez, un año antes de haber sido derrocado del poder por una revuelta popular FETHI BELAID AFP/Archivos
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Túnez (AFP)

Ni manifestaciones ni banderas. Las calles están vacías este jueves en Túnez en el 10º aniversario de la caída de Zine el Abidine Ben Ali, con el país en pleno confinamiento debido al recrudecimiento de la pandemia.

"Normalmente, tendríamos que habernos manifestado en la avenida para pedir más justicia social, ya que los gobiernos que se suceden desde 2011 no han tenido en cuenta esta demanda", explica Alaa Talbi, presidente de la oenegé Foro tunecino para los derechos económicos y sociales.

"Pero este 14 de enero me quedo en casa, por primera vez en 10 años, porque la crisis sanitaria es grave", dice.

Túnez registra más de 50 muertes diarias por covid-19 y los médicos advierten que cada vez es más difícil encontrar camas para los enfermos más graves.

El jueves empieza un confinamiento de cuatro días.

Aunque el poderoso sindicato UGTT y otras organizaciones renunciaron a salir a la calle por la situación sanitaria, sus reivindicaciones siguen vigentes.

La subida de los precios, el desempleo, la deficiencia de los servicios públicos, en una situación que ha empeorado con la pandemia, han hundido las esperanzas que surgieron en 2011.

- "Decepcionados" pero "orgullosos" -

El 14 de enero de ese año, después de varias semanas de disturbios tras la inmolación de un vendedor ambulante, una multitud sin precedentes se congregó delante del ministerio del Interior, en el centro de la capital.

La ira contra la miseria se tornó contra el régimen y la muchedumbre gritaba "Vete". Esa misma noche, Ben Ali huyó a Arabia Saudita, donde murió 2019.

Esta huida, tras 23 años en el poder, fue seguida por el levantamientos en varios países de la región y la caída de otros autócratas. Sin embargo, Túnez es el único país que prosiguió con su democratización.

"Podemos sentirnos decepcionados, pero no quiere decir que lo lamentemos: 10 años son pocos para transformar un sistema en vigor durante décadas, y podemos estar orgullosos de los avances", subraya Talbi.

"Hemos instaurado un nuevo sistema político, nos hemos puesto de acuerdo sobre una Constitución, aunque no esté totalmente implementada, y hemos respetado los plazos electorales", prosigue.

"Ahora, se necesita una transición económica".

Túnez, cuya economía depende de préstamos internacionales, concluyó en primavera un programa de apoyo del Fondo Monetario Internacional sin haber conseguido relanzar su economía.

La pandemia acabó de hundir el turismo, pilar de la economía tunecina que ya estaba maltrecho por los atentados de 2015. Decenas de miles de personas se quedaron sin empleo.

La clase política, dividida y paralizada por las luchas de poder, está acusada de estar al servicio de los intereses personales.

Nueve gobiernos en 10 años "han tenido problemas (...) para equilibrar los intereses de la élite tradicional con los de la población desfavorecida", señala el Instituto Transnacional, un centro de reflexión con sede en Ámsterdam.

Ante esta perspectiva, las partidas clandestinas hacia Europa han ido en aumento desde 2011: el año pasado los tunecinos fueron, de lejos, la principal nacionalidad de las llegadas irregulares a las costas italianas.

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