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"Vinieron a matar", dicen sobrevivientes de terrible matanza en Níger

Un sobreviviente de un ataque yihadista muestra sus heridas en Ouallam, Níger, el 9 de enero de 2021
Un sobreviviente de un ataque yihadista muestra sus heridas en Ouallam, Níger, el 9 de enero de 2021 Souleymane Ag Anara AFP
4 min
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Ouallam (Níger) (AFP)

"Mira mi cuerpo, recibí tantas balas que no sé cuántas son exactamente. La gente pensó que estaba muerto, me quedé inmóvil" hasta que terminó el ataque, cuenta Nouhou Issoufou, uno de los sobrevivientes de una masacre de civiles cometida en Níger por yihadistas.

Un total de 105 civiles fueron asesinados el 2 de enero en Tchuma Bangu y Zarumadareye, en el oeste de Níger, una región donde suele haber ataques islamistas pero nunca hasta ahora a semejante escala.

Los vecinos, todavía conmocionados, que se han refugiado en Ouallam, la capital del departamento del que dependen las dos aldeas, cuentan lo sucedido ese día funesto.

Zarumadareye se encuentra en una región donde el grupo Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS, afiliado al EI) está muy arraigado, en la zona conocida como las "tres fronteras", entre Malí, Burkina Faso y Níger.

En esta inmensa región rural, de pastoreo, las comunidades viven a caballo entre un país y otro, lejos de la autoridad del Estado central.

A las nueve de la mañana, Nuhu Issufu y otros habitantes de Zarumadareye escuchan ruidos lejanos de motores.

"Salimos afuera, vimos las motos, había muchas", explica el joven, tumbado sobre una estera en el hospital de Ouallam, la capital del departamento. Se levanta la ropa para enseñar las vendas.

"Nada más entrar, nos dispararon", cuenta.

- ¡Sálvese quien pueda!-

Las ráfagas se sucedían, los habitantes corrían. Nuhu corrió hacia la maleza y allí se quedó. Varias balas le alcanzaron el omóplato y el brazo.

La mayoría de los ataques yihadistas en el Sahel son relámpago, tanto si van dirigidos contra civiles o campamentos militares en Burkina Faso, Níger o Malí.

Normalmente hay dos combatientes en las motos. Los grupos yihadistas se reagrupan muy poco antes de los ataques y se dispersan inmediatamente después en diferentes direcciones. Circular en moto está prohibido desde hace meses en la zona en un intento por frenar esta estrategia.

Treinta y tres personas murieron el sábado en Zarumadareye. "Incluso en mi familia, muchos primos. El que me disparó es un peul (también conocidos como fulanis), después atacó a mi amigo y lo degolló con un cuchillo".

A nueve kilómetros de distancia, la barbarie también se ensañó con la aldea de Tchuma Bangu.

Los dos pueblos están habitados sobre todo por zarmas, un grupo étnico sedentario de agricultores. En una región con fuertes tensiones entre comunidades, principalmente por las tierras, varios fulanis (que son nómadas) habían sido asesinados en las dos aldeas unos días antes, según fuentes locales.

Los atacantes del sábado se dividieron en dos columnas para embestir las aldeas, dice el alcalde del municipio de Tondi Kiwindi, Almu Hassan, a cargo de las dos aldeas atacadas.

"Hablaban la lengua peul", afirma Abdelkarim Yayé, desplazado en Ouallam. Varias fuentes cercanas a las autoridades afirman que los atacantes eran miembros de la etnia zarma.

- "Quemaron personas" -

El sábado, las autoridades organizaron un foro en Ouallam con líderes comunitarios, religiosos y políticos de la zona, para reafirmar la presencia del Estado y fomentar la cohesión social. Una personalidad dijo que el líder del ataque era un jefe local del Estado Islámico, Hamidu Hama, un zarma de Tingara.

Abdelkarim, con un caftán gris sobre los hombros, estima que los habitantes de la aldea son "como animales" atenazados por la amenaza yihadista. En todas partes del Sahel, la presión de los grupos armados es tan fuerte que pocos se atreven a denunciar públicamente su presencia.

"Es gente que antes (del ataque) patrulla por las aldeas para cobrar el zakat (impuesto islámico), no se esconden cuando están en nuestras aldeas", dice. "No es gente que se esconda", insiste.

"Cuando vinieron, no preguntaron por nadie en particular, solo abrieron fuego. Ya sean niños, mujeres u hombres, ellos vinieron a matar a todo el mundo", cuenta Abdelkarim.

Dice que quemaron los graneros de mijo, donde se almacena la cosecha de la aldea en previsión de la estación seca. Algunos se habían escondido en ellos. Están muertos.

"Quemaron todos los campos. Quemaron todo el mijo. Quemaron a la gente", enumera.

Setenta y dos personas murieron en Tchuma Bangu, incluido el hermano mayor de Abdelkarim.

Nuhu y Abdelkarim están en Ouallam. Forman parte de los tres millones de personas que han tenido que huir de sus hogares en el Sahel debido a la violencia. "No podemos quedarnos en la aldea. No queda nadie".

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