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Corea del Sur

Corea del Sur: la pandemia precariza aún más a las trabajadoras sexuales

Trabajadoras sexuales coreanas en una manifestación en Seúl el 22 de septiembre de 2011 para protestar por la represión de las autoridades contra la prostitución.
Trabajadoras sexuales coreanas en una manifestación en Seúl el 22 de septiembre de 2011 para protestar por la represión de las autoridades contra la prostitución. AFP - JUNG YEON-JE
Texto por: RFI
4 min

A diferencia de otros países del sudeste asiático, la prostitución es ilegal en Corea del Sur. Tiene lugar en bares o salones de masaje, que cerraron debido a las restricciones impuestas para frenar la pandemia de COVID-19 precarizando aún más la vida de las trabajadoras sexuales.

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Con nuestro corresponsal en Seúl, Nicolas Rocca.

"Tan pronto como alcancé la mayoría de edad, me convertí en una trabajadora sexual", dice Yo Lim, de 26 años. Esta estudiante de comercio, lucha por los derechos de quienes trabajan en este mercado lucrativo: 13 mil millones de dólares generados anualmente. Sin embargo, no son las trabajadoras sexuales quienes cosechan los beneficios, especialmente durante este período turbulento. "La mayoría de los lugares que ofrecían servicios sexuales tuvieron que cerrar en junio-julio. Somos la única industria que ha sido completamente cerrada sin ningún apoyo del gobierno". Si bien las restricciones sanitarias han ido acompañadas de planes de apoyo del estado para los empresarios, los propietarios de restaurantes, y  los taxistas, entre otros, las trabajadoras sexuales siguen siendo dejadas de lado.

En Corea del Sur, si bien se sabe que algunos barrios son lugares conocidos para ejercer la prostitución, una gran proporción de mujeres trabajan en bares, salones de masaje y clubes de striptease. Era el caso de Yo Lim antes de la pandemia. "En el bar, no tenía sexo con los clientes, era más que nada bailar para ellos. Además, estábamos un poco protegidas. Pero ahora estoy obligada a tener sexo”. Las cientos de miles de trabajadoras sexuales se encuentran en una situación muy precaria. Otras chicas han dejado la actividad, obligándolas a pedir préstamos, en general a la mafia, con tasas de interés extremadamente altas.

Si algunos lugares permanecen abiertos, son los que menos respeto tienen por las mujeres, según Yo Lim. "Algunas mujeres inmigrantes, de China o de otros países del sudeste asiático, trabajan en condiciones aún más precarias. Hay bares donde las mujeres no tienen otra opción que tener sexo”. Con el impresionante sistema de seguimiento de pacientes implementando por el gobierno de Corea del Sur es difícil mantener abierto los comercios. En caso de contaminación, las autoridades rastrean las rutas del paciente y los lugares visitados para encontrar casos de contacto. Y los lugares donde ejercían las trabajadoras sexuales no quieren atraer la atención de las autoridades.

Yo Lim continúa trabajando pero de manera independiente eligiendo clientes que ya conoce. Una práctica más rentable, pero también más peligrosa dado que Yo Lim debe ceder a los deseos del cliente. Su anterior trabajo le pagaba 373 euros al día, suficiente para financiar sus estudios y su apartamento donde vive con su hermana y su marido. Pero ante la pérdida de sus ingresos, se tuvo que adaptar. “Elijo mis citas de acuerdo a las prácticas sexuales solicitadas, la cara del cliente y el precio", explica Yo Lim. “Obtengo un millón de won (750 euros) por toda la noche, incluyendo cena”. El riesgo para la salud también es importante. "¿Cómo podemos protegernos del coronavirus? ", dice Yo Lim.

Hasta 2004, la prostitución era, de hecho, tolerada, pero la ley contra el comercio sexual puso fin a esta situación. Según un informe de la ONU publicado en 2012, entre 2004 y 2009, 28.000 trabajadoras sexuales fueron arrestadas, junto con 160.000 clientes. Si bien la aplicación de la ley ha aumentado la represión, esta sigue siendo limitada.

La criminalización del trabajo sexual es un tema central para Yo Lim, para quien "la despenalización nos permitiría tener un trabajo reconocido y cambiar la forma en que la sociedad surcoreana nos considera".

La pandemia de la COVID-19 ha complicado la situación y la preocupación de estas mujeres es palpable. "Me gustaría volver a mi trabajo, la situación me crea mucha ansiedad. Apenas un cliente deja de responderme, me pregunto cómo podré conseguir algo de dinero”. Otro interrogante es cómo serán las condiciones de trabajo una vez que la crisis sanitaria haya terminado. Muchas lugares han cerrado sus puertas para siempre. "Una vez que todo vuelva a abrir, ¿qué tipo de trabajo me veré obligada a tomar? ¿En qué bar? ¿Qué se me pedirá que haga?" se pregunta Yo Lim.

 

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