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El 31 de agosto de 1946, la última audiencia en Nuremberg contada por la AFP

4 min
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París (AFP)

31 de agosto de 1946: última audiencia en el tribunal de Nuremberg. Los dirigentes nazis acusados en este juicio histórico intentan minimizar su implicación durante los últimos alegatos. He aquí algunos extractos de la crónica realizada en aquel entonces por el periodista de la AFP:

NUREMBERG, 31 de agosto de 1946 (AFP) - (...) Pareciera, al oírlos, que cada uno de los 21 acusados tenía como misión, esbozar, cada uno a su nivel, el fragmento de un cuadro que, una vez reconstituido, permita a la nación alemana creerse inocente de tantos crímenes contra la humanidad, ya que quienes los orquestaron tampoco se reconocen culpables.

Se sentía que la abrumadora acumulación de pruebas contra ellos echó por tierra su actitud impasible. Toda esta sangre, literalmente, los asfixia.

En esta jornada destaca, y esto es algo fundamental, que estos acusados a los que la historia señala como culpables ya no niegan las instrucciones, las atrocidades y los crímenes del Tercer Reich. Todos sus esfuerzos se dirigen a eludir su responsabilidad en estos actos.

"No he ordenado exterminar a los judíos; nunca he ordenado fusilar a los aviadores aliados; lo ignoraba; desapruebo esto...". Pero si la segunda figura del Reich (Hermann Goering, ndlr) no se encargaba de la gestión, uno se pregunta cómo pudo funcionar el estado hitleriano. Goering, después de este acto de humildad inesperado, habla de "mi Luftwaffe", de "mi pueblo alemán", igual que lo haría un soberano. Incluso menciona textualmente la frase célebre de Guillermo II: "No quise la guerra".

- Hess no reniega de nada -

¡Cuán más sincera parece la actitud de Rudolf Hess ( subalterno de Hitler, ndlr) quien, después de múltiples incoherencias, termina con una proclamación de fe nazi! Es el único que no reniega de su pasado. Es el único que se mantiene fiel a Hitler. Es el único que jura que recomenzaría, aunque tuviera, por ello, que terminar en la hoguera.

Ribbentrop (Joachim von, ministro de Relaciones Exteriores, ndlr) que le sucede, inaugura la serie de los diplomáticos. No es el bello Joachim que seducía a la "gentry" (la burguesía británica, ndlr), sino un personaje envejecido e insulso que recita su lección con una voz monótona y que sabe, con un resquicio de finura diplomática, sembrarla de trampas. (...)

Keitel (Wilhelm, jefe del alto comando de la Wehrmacht,las fuerzas armadas nazis, ndlr) es el primero del grupo de militares (...). Se esforzarán, unos y otros, en dejar claro que mantuvieron la tradición de su casta de soldados leales y disciplinados. (...)

Los que esperaban con curiosidad la declaración de (Ernst) Kaltenbrunner se vieron decepcionados. Él, alma de la policía nazi, general de las SS y adjunto de Himmler, ¿iba a ser el primero en aceptar una responsabilidad que a priori parecía aplastarle? Pues no. Escuchándole, hasta Kaltenbrunner parecía ser inocente de la sangre derramada y los horrores acumulados. (...)

- Tantas lágrimas y tanta sangre -

A partir de ahora, nada sorprenderá a los auditores de este proceso.

(El ideólogo Alfred) Rosenberg, autor del mito racista, podría perfectamente, con su voz ronca, proclamarse sionista, y Streicher (Julius, director del diario antisemita Der Stürmer), considerarse amigo de Israel; Frick (Wilhelm, principal autor de las leyes antisemitas) podría vanagloriarse de su buena conciencia; Funk (Walther, antiguo ministro de Economía) puede llorar desconsoladamente por las víctimas del nazismo; el bueno de Schirach (Baldur von, jefe de las juventudes hitlerianas), sería capaz de comparar las juventudes hitlerianas con patronatos inofensivos y Sauckel (Fritz, responsable de los trabajos forzados), el negrero de Europa, será capaz de transformarse en buen padre de familia. Todo esto sería cómico si no fuera por el recuerdo de tantas lágrimas y de tanta sangre.

Schacht (Hjalmar, exministro de Economía), sin duda ha salvado su pellejo. Desde el inicio del juicio, se desmarcó del resto de los acusados y del régimen de Hitler. Hoy, se percibía más que nunca su deseo de que no le confundieran con ellos, pues él supo lo que es un campo de concentración en Flossenburg. ¿Bastará para borrar sus responsabilidades bien reales?

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